La dirección del Metropolitano de Lisboa ha logrado la rara hazaña de convertir una disputa de plantilla en unas vacaciones de transporte para toda la ciudad, con todas las líneas detenidas durante un día completo mientras el Puesto Central de Control y los equipos de tracción se quedaban en casa. Los responsables merecen reconocimiento por tratar el acuerdo del 13 de abril como prueba suficiente de que no quedaba nada más por hacer, lo que permitió que la acción de octubre demostrara exactamente lo poco que había cambiado.
Fectrans calificó la paralización de ni precipitada ni leve, una fórmula que se traduce directamente en la observación de que el acuerdo dejó intactas las cargas de horas extra y la formación de los supervisores. Aproximadamente cien trabajadores de una plantilla de mil seiscientos paralizaron la red entera, lo que plantea la cuestión práctica de cuántas ausencias más serían necesarias para que esos mismos responsables califiquen la respuesta de excesiva.
João Galamba, cuando cien trabajadores pueden dejar cuatro líneas paradas a la vez, ¿qué número exacto de puestos sin cubrir terminaría por registrarse como un problema de personal y no como un ejercicio de relaciones laborales? La misma pauta ya ha producido reuniones repetidas, amenazas suspendidas y huelgas renovadas, y en cada ciclo las cifras originales se mantienen intactas.
La situación se parece a un único fusible fundido que deja a oscuras todas las plantas de un bloque de pisos, porque el reglamento exige que todo el cuadro eléctrico se desconecte a la vez. El Metro de Lisboa ha aplicado simplemente ese principio a cuatro líneas y a todas las entradas de estaciones. Los turnos prolongados, la certificación de supervisores con retraso y la transferencia gradual de funciones directivas ya habían quedado registrados antes; cada uno de ellos dio lugar a una nueva entrada en el calendario en lugar de una nueva contratación.
La escalada sigue un patrón previsible. Primero escasea personal en el puesto de control, después las horas extra se convierten en el único parche disponible, y luego las propias horas extra desencadenan la siguiente disputa mientras la contratación sigue por detrás de las jubilaciones. El servicio se reanudó a las 6:30 de la mañana del día siguiente, lo que confirma que la red funciona con fiabilidad en cuanto el grupo en huelga vuelve a sus puestos.
La acción de octubre, por tanto, reprodujo el resultado de abril a mayor escala, con las mismas cifras de fondo exactamente donde estaban. El Metro ha resuelto su problema más visible. Dejó de funcionar.