Las comunidades frenan la transparencia de las listas de espera y acusan a Madrid
El sistema sanitario español debe mostrar a los pacientes cuánto tiempo esperan, y quienes gestionan las listas son los que se niegan a enseñarlo.
El sistema sanitario español debe mostrar a los pacientes cuánto tiempo esperan, y quienes gestionan las listas son los que se niegan a enseñarlo.
Cuando un gobierno no puede defender sus propias cifras migratorias, recurre al procedimiento en Bruselas para evitar la pregunta.
Bruselas predica independencia tecnológica mientras depende de empresas estadounidenses y de la presión de Washington para definir sus límites.
Una cumbre puede exigir en una noche un plan para abaratar la energía, pero las facturas llegan cada mes y el dinero para pagarlas se encoge.
Las autoridades tratan las marchas sostenidas contra alquileres inasumibles como una infracción de licencias y no como prueba de que los salarios ya no alcanzan para pagar una vivienda.
El umbral exento que propone Portugal es un límite ya existente con nuevo nombre de alivio, colocado sobre una escala que sigue gravando todo lo que queda por encima.
Los arquitectos del reglamento anuncian ahora un freno de emergencia que nunca llegarán a tocar.
Los sindicatos del transporte portugués han perfeccionado el arte de paralizar el servicio, mientras la dirección insiste en que el problema real son solo cien empleados.
El ministerio traslada a las comunidades un plan de listas de espera que necesita, y les asigna la culpa antes de que voten.
La regularización convierte en estadísticas oficiales el trabajo informal que ya existía, sin crear empleo nuevo.
Un problema que tres gobiernos pasaron años gestionando se convierte en eslogan la semana en que se convoca un adelanto electoral, y ahora cada partido apunta hacia otro lado.
Cuando los precios de la energía se disparan, el reflejo de la Comisión es otro gravamen sobre quien todavía produce, y no un remedio para la oferta que ella misma ha hecho más escasa.